Bloque negro.jpg
En marzo de 2020 fue publicada la noticia del informe de violencia sexual elaborado por las mujeres Nükak, y su entrega a la Comisión de la Verdad. Las niñas y las mujeres Nükak, pueblo indígena que habita el norte del Amazonas colombiano, han sido sexualmente violentadas a través de todo el proceso de colonización de su territorio, el cual incluye la guerra en Colombia desde los años 90 hasta hoy, y por lo tanto, a integrantes de los distintos grupos armados: guerrilla, paramilitares y ejército nacional.
Esta dolorosa noticia despertó nuestro interés por la historia de las y los Nükak, quienes se hicieron conocidos internacionalmente en 1988 cuando salieron por primera vez de la selva, y fueron registrados por medios nacionales e internacionales como “el último pueblo nómada del planeta”.
Siendo cazadores y recolectores del territorio que abarcan los ríos Guaviare e Inírida, lxs Nükak fueron contagiados de un virus respiratorio que causó la muerte del 40% de su población. La enfermedad fue producida por el contacto con misioneros y colonos que se adentraron a su selva en aquella década, los años 80, seduciéndoles principalmente con regalos consistentes en instrumentos y herramientas. Contra este virus, lxs Nükak no pudieron encontrar remedio en sus prácticas ni en sus medicinas ancestrales, lo que originó que se vieran obligados a buscar ayuda con lxs kawene, lxs no Nükak. El virus provocó principalmente la muerte de lxs mayores y, por lo tanto, una gran pérdida en sus conocimientos y experiencia.

Con el pasar de los años otro tipo de virus atacaría aún más cruentamente a este pueblo: la deforestación y la guerra. Entre los crímenes que han soportado lxs Nükak se encuentran asesinatos selectivos, reclutamiento forzado, desplazamiento forzado, amenazas, maltrato físico, explotación como mano de obra barata en la recolección de coca para el narcotráfico, y confinamiento de mujeres y niñas Nükak, con fines de esclavitud para abuso sexual y trabajo doméstico.

A lo largo de 30 años, estos hechos obligaron a lxs Nükak a salir definitivamente de su territorio. Actualmente los distintos grupos que conforman esta etnia viven en asentamientos, en pueblos o en precarios campamentos en áreas rurales del departamento del Guaviare, donde han ido adoptando distintos aspectos de la cultura occidental. Entre las prácticas más problemáticas y dolorosas, especialmente por parte de niñxs y jóvenes, se encuentra el consumo de droga y la prostitución, impulsadxs por los mismos agentes de guerra, narcotráfico y colonización.
La desnutrición y la adquisición de enfermedades también hacen parte de su drama actual. Labores, saberes y rituales asociados a su cultura, como la propia caza de animales, la recolección de frutas y semillas que conlleva además el caminar de largos trayectos, el tejido en palma de cumare, el canto, los bailes, la transmisión de mitos, la forma distintiva de llevar su cuerpo con pintura de achiote y su cabello rapado, por ejemplo, también han ido desapareciendo.
Si bien lxs Nükak no son el único pueblo indígena de Colombia que padece la profunda pérdida de sus tradiciones y el maltrato a su dignidad, la violencia que han sufrido sobresale por lo reciente y acelerado de su proceso.

*

 

Mientras tanto, en la ciudad capital del país, en el mismo mes de marzo de 2020 se decretó la política de confinamiento obligatorio para quienes la habitamos, como medida de control respecto a la propagación de otro virus respiratorio, diferente al que atacó a lxs Nükak en su momento, pero también venido de fuera, también con un alto impacto sobre las vidas de cierto tipo de población, y también sin una cura certera dentro de “nuestra” medicina.

La experiencia de reclusión adoptada por muchos países alrededor del planeta, detonó en la humanidad diversas preocupaciones relativas al repentino extrañamiento de la cotidianidad: la falta de contacto con el exterior, el temor a lxs otrxs como agentes de contagio en potencia, las profundas diferencias económicas y sociales para acceder a los recursos necesarios de subsistencia, la violencia de género que tendió a incrementarse al interior de los hogares, las nuevas labores de cuidado que debieron asumirse en relación a lxs niñxs, el desbordamiento de tareas laborales desde los medios virtuales, entre otrxs.

Una arista de reflexión sumamente importante en relación a las causas, efectos y formas de agenciamiento de la actual pandemia, es aquella que reúne una serie de afirmaciones sobre los modos descarnados en que el sistema político-económico de capital, articulado con otras estructuras de poder androcéntrico y colonial, revela sus falencias a la hora de proteger las vidas y La Vida. El proyecto que aquí se presenta en sus materias sensibles, digitales y conceptuales, se teje a dichas fibras de pensamiento y se une al deseo de aportar elementos para la configuración de otras formas de existir  (1).

En nosotrxs, particularmente, el confinamiento detonó el deseo de explorar la noción y la experiencia de territorio, a partir de las extrañas condiciones que el fenómeno de la pandemia nos exige para habitarlo. El cuerpo, la casa, la ciudad y sus alrededores, así como sus posibles e inusitadas conexiones con la selva del Guavire y lxs Nükak, son los lugares de atención de este proyecto en artes vivas.

De un modo general, desde nuestro encierro y con la conciencia de vivir un momento-mundo donde las vidas de todas las entidades del planeta peligran, nos preguntamos aquí por nuestras distancias con eso que el pensamiento moderno denominó “naturaleza”, con el fin de producir(nos) una separación, una escisión profunda y, en esa medida, sacar el mayor provecho maltratándo(nos), cosificando(nos), cafisheando(nos) (2), para la acumulación de poder y riqueza de algunxs.

Nuestro propósito con esta obra es, entonces, crear puentes desde la distancia: imaginar-saber-sentir-fabular-practicar que estamos muy cerca, que la selva viene a nosotrxs tanto como nosotrxs vamos a ella, a través de nuestros sentidos remotos y de los elementos y fenómenos del mundo que nos conectan.

Yee en lengua Nükak quiere decir “este plano de existencia", aquel que compartimos todas las entidades vivas.

El proceso de creación nos ha permitido elaborar este trabajo como una plataforma sensible para dar a conocer las distintas problemáticas de lxs Nükak y de la Amazonía, quienes urgen del apoyo del conjunto social para su supervivencia. La selva es corazón, pulmón y vientre donde se hace posible la vida de todxs en el planeta, y ella no es solo la foresta, sino cada uno de los cuerpos vivos que la conocen, la producen y la habitan, entre ellxs los pueblos indígenas.

Al momento de elaborar y concluir este proyecto, en la mayor parte del planeta no era posible habitar las salas de teatro ni otro tipo de espacios cubiertos, para realizar encuentros o rituales con un número elevado de personas; por ello decidimos construir este sitio virtual donde alojamos los elementos más importantes del proceso. Nuestro propósito ha sido generar una memoria y un lugar para que, de modo íntimo, cada espectador explore y tantee esta otra forma de contacto.

REMOTA YEE ha sido posible gracias a la Beca de Creación en Artes Vivas “Lenguajes Expandidos”, del Portafolio de Estímulos 2020 de IDARTES, y a la colaboración de varixs artistas, colectivas e instituciones que generosamente nos inspiraron y apoyaron con sus oficios, saberes y recursos, a todxs ellxs, mil gracias.